Trilogía (La Última Queja)

(1)

Todavía hierve
la llaga,
el aguijón inocente
incrustado en lo más profundo
de las carencias.

Aunque ya lo habíamos establecido:
la configuración de tu cuerpo se desentiende
de cualquier metamorfosis,
de cualquier logos concebible.
Y supongo que por principio
-y hasta el final, también
no sucumbo a la caída
a causa de presencias
sino de voces.

(2)

Voces, que ahora laten insondables,
unas veces zumbido,
otras latidos
acompasados con mi aliento,
con mis hambres.
Reverberan huecas e intangibles
aunque estén sumidas en oscuridad,
la memoria no necesita ojos para penetrar las fronteras
ni manos para entonar la melodía
y volver a tocar las cuerdas
del corazón.

(3)

Me descoloca todavía esa presencia intocable
que arremete contra la idea de una herida inefable.
Pero quizás ya puedo dejar de re-abrirme
                                                                  [la carne
y hacerme capaz de hallar en la resonancia
el ímpetu que me hace falta para esquivar
el desencuentro.

Creo que no cambio este miedo,
ni la ausencia,
por la piel para sentir
aquel calorcito inexplicable
con el que se rellenan, de alguna forma
todas mis grietas.

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